miércoles

feitheamh

 triángulo de fuego

los pasos enlanguidecen

y no es el peso

que enmarca el reino

y no es el peso 

que si

diera

uno 

más 

comprendería al clan

palabras toscas

enrollan tu mote

atascas sin embargos

y consecuencias 

de muerte

subrepticia

y sin lamento


    visitó muchas veces el mismo lugar donde la cara de M. representaba un par de años de ilusiones.
ficciones, fantasías. una fórmula precisa: el augurio de que había dejado todo para estar juntxs significaba que estaba a punto de despertar. no había traducción para tal proceso.
¿cómo podría arruinarle tanto el día una ficción? cuando al otro lado estaba rodeadx de todo lo que en algún otro momento deseó; si si, sí sabemos que así funciona el temita, a la larga ese saber se torna irrelevante. un mal café y las ganas de escribirle. pero nada se agita, sólo los sueños.
el mismo escenario recordado de diferentes formas; formas artísticas, un lienzo de luz de atardecer entrando por la ventana de ese edificio construido en bauxita. un sueño de la Bauhaus dentro de un sueño. y las memorias de un mantel a crochet colgado en la ventana, abalorios de cristal de entreguerras.
formas abruptas; egoísmos para su ser, si no es con él que no sea con nadie.
imposible, la distancia es un metrónomo.



leía nuevamente La interpretación de los sueños, traducción de Lopez-Ballesteros, casi lo mismo que estudiaba hace ya 10 años. primer año de facultad, tal año en que conoció a S.

por otro lado crepita el micelio
Signorelli se repite
como campanilla
victoriana

–otra odisea–
capaz sobre musgo
sobre piedra
sobre barro
naranja

vuelve a pesar el cuerpo
como cuando había entendido
todo lo que estaba mal
y de ahí

el delirio

el autoexilio

la distancia

toxicomanía
toxicomanías

la sangre
manchando
el verde de las sábanas.

las venas duelen
miembro fantasma de un (de)pendiente 
que vuelve y vuelve y vuelve 
a prepararse una dosis completa 
hasta alucinar voces
que no son sino el recuerdo
de estar despiertx.


en fin
censurate un poco menos, 
le dijo.