domingo

campo de maniobras, o cómo mi nombre se volvió heterónimo

 borrador esqueje
memoria reducida a cero
merma la técnica

todos los días algo de triste certeza 
la velocidad de mi mente es algo que me sorprende
nunca dejar de considerar el peor escenario posible

descubrí que mi poeta-traductor-de-poemas favorito falleció el día que cumplí 30
buscaba poemas, buscaba tesoros y encontré muerte:
último poema que resuena:




en campo de maniobras, otra iglesia es imposible


he soñado con la isla desde entonces, todas las semanas sin falta. a veces son encuentros con acquaintances, otras veces, espectros que me piden mirarles a los ojos y yo me niego. mi padre me advirtió acerca de aquellas sombras que se hacen pasar por brujas. 
también me envió postales de los páramos más sagrados, tierra roja intensa y crevices históricas.
quiero soñar el futuro y construir un libro lo suficientemente grande, 
sueño con la isla y pienso
conocer el mar debe ser como conocer el cielo por primera vez. las nubes, el viento cambiando –el azul de la distancia– el redoble de las olas como un centenar de palabras. es difícil recordar cuándo conocí el cielo, cuándo reconocí el mar. siempre han estado ahí, como un crujido en una casa ajena. reloj que marca el paso no-anacrónico del tiempo.
también soñé que el horizonte tenía un sólo color, se fundía con la melancolía de no llegar allí.

a pesar de tantos pequeños duelos
reitero que no disfruto 
adelantarme a los hechos 
prefiero ver lo que viene detrás 
Some kind of secret I will share with you

me cierro a toda posibilidad 
toda idea intensa 
de saber 
cómo 
sería 
ser tú





jueves

 aprender a mirar con el ojo izquierdo

con toda distorsión

capaz

me animo a escribir algo


me cuesta hacer un bolso de viaje 

y pienso

ya no sé viajar

desarmo todo


 me lanzo al mar esta vez

al océano 

a la fosa




                      no me quiero ir
                      ni me quiero quedar
                      en esta interzonaintemperie
no sé cómo funciona ni cómo hacer que sea 
       menos violento...
         (violencia del acto analítico)
nada más violento que decir:
       acá está la herramienta
       con la cuál puedes
       excavar -- enterrar
       sembrar -- arrancar
            adivinar
              negar
            preguntar
                    dejar de lado
                        involucrar
odiar
amar
                      simple y complejo
                     ninguna de las dos cosas 
                            es suficiente
No hay en realidad, un punto muerto
            una zona cero.
Lo vemos la semana que viene
     bajo la premisa
               de que aún
                    estaremos acá.



***

sábado

 Absolument somptueux.

La hipótesis es nula,

inexistente se sustenta sin embargo,
en los otros seis cuadros que componen
una séptima falta.
Falta la hipótesis, que se desenvuelve
en aquel robo ficticio.
Choca con el aceleracionismo
(in)oportuno de nuestros días.
República imaginaria de la pérdida,
de una tierra,
de una patria.
Memorias de autoexilio.
No hay hipótesis. 
Todo estaba ocurriendo
al mismo tiempo,
                            cruzando el océano
                             los mismos tipos
                             las mismas caras llorosas...

Exceso de futuro;
no pude dejar de ver
situaciones momentos resoluciones 
el detalle más simple
se convertiría en tacto,
el tacto mostraría
una idea más de futuro.

Mas el futuro no existe, 
se forma a sí mismo
en cadencia con el presente
—inexistente igual que el pasado.


Madre me preguntó: ¿te reconoces en esa foto?

Mi respuesta es,
con todo lo que perdí
y con todo lo que gané,

Sí, absolutamente.







lunes

Nocheblanca

Olores de los noventa impregnados en mi nariz.
Cigarrillo impregnado en el piso de alfombra
del casino de esa empresa a la que solía 
frecuentar de pequeña.
Cigarrillo en las sábanas mientras jugábamos 
solitario una tarde de domingo o de sábado. 
Cigarrillo en mi ropa.
Sólo un olor.
Cinque anni.
Zapatos de charol negro con pequeñas
calcetas blancas con vuelos.
Más recuerdos, como sueños filtrados.
Demonios del círculo más elaborado.
Fantasmas que corroen mi nervio.
Soñé con el mar, entraba al crepúsculo 
y entre las olas se hacía de noche.
Pensé que estaba en aquel Brasil
de vaga-lumes inconfundibles.
Arañas gigantes y secretos de familia.
Cómo olvidar el ruido del morro,
silenciado sólo por la lluvia torrencial
de la tormenta. Sólo una tormenta.
En aquella playa de atardecer borroso
se encontraban mis peores enemigos.
Esquirlas de nudos borromeos y
prolegómenos de injusticias perpetuadas.
No sé realmente si entrar al agua
convino una precaución o más bien
un impulso de aquellos 
tiempos del borderline,
lapsos de carozo atragantado entre las piernas,
de búsqueda eterna de desasosiego.
Fruto de árbol lleno de palabras desdichadas.


Ciertas palabras antiguas 

quedaron fuera:


Comienza mi verano, polo opuesto.

Me roba un poco la calma

estar lejos cuando te quiero

cerca. Pensando formas

de evitar pensarte de

la nada o por

referencia a algo.


Hoy tengo pocas cosas

para decir porque

tengo rabia y podría 

ya pensar que eso

es algo bueno.

Mi ojo ya no duele

pero tampoco importa

porque el tiempo es así,

traicionero.


Enero oscuro,
confundido por prospectos.
Efectos secundarios,
deseados sin efecto
alguno.
Ya nada me hace
                         nada.
Revolear, vapulear
renunciar, fracasar.
Del horizonte suelo
agarrarme pero ayer
cerré las cortinas y
tapé mi fiebre con
más y más capas.
Que la sal no sala-
El café no despierta-
La comida vacía-
Y el silencio me grita.
Digámoslo todo 
en nochevieja
a la mañana siguiente 
se nos olvidará haber
estado en medio de
una discusión tan
desproporcionada.
Noches blancas,
culpando fantasmas
espectros genéticos
delirios sanguíneos.
Elegías abiertas:
me hago una con el 
agua y pienso,
ojalá no vuelvan las
ganas de morir,
las ganas
de yacer muerta con todas
sus letras.

Qué más se puede escribir luego de eso?

Primero una sombra — Después la verdad

 Sueño de la abundancia
estrago impertinente
repite el versículo 
como si fuese aria
 Remonta el aroma
a un parrón periférico
de un tiempo 
que parecía eterno
Terminó marchitándose
como la pintura
del columpio entre
las petunias
 Cumplen los años
las mismas funciones
que el olvido
 Negando los regalos
del presente perfecto 
impertérrito
 Las mismas funciones
que las cuatro fuerzas 
fundamentales 
 Imposible escribir tan claro
todo lo que siento
 Podría confundirse
con deseo enredarse 
 Entre palabras
 Fatuas e inútiles
 Jamás inocuas.



Pasa el tiempo y se me olvida que las personas mienten tan descara-
damente, que no toda palabra es literal, y pareciera ser que el fracaso
hoy por hoy es lo único transparente.
Fracaso rotundo. No tengo paciencia para nada, excepto para las ilu-
siones. Este año tenía la ilusión de volver a consumir cualquier cosa por
mis venas, ímpetu requerido para aplacar el aburrimiento interno, de un 
revés que me remite a separarme la piel con la punta de las uñas. 
Dedicarme a revisar la punta de cada aguja para asegurarme que ningu-
na pueda herirme lo suficiente como para hacerme cambiar de brazo. 
Que se introduzca como delicado intercambio ortopédico y que al des-
pertar de la anestesia, no tenga moretones que esconder. Más que ilu-
sión, es mi fantasía volver a ser la adicta que fui. Tan oscura fantasía.
En vagamente Ilion, acaso en campiñas toscanas al término de 
güelfos y gibelinos y por qué no en tierras de daneses o en esa re-
gión de Brabante mojada por tantas sangres (...) 
El otro día recordé la abstinencia en Buenos Aires, cuando S. contra 
todo pronóstico me consiguió aquel líquido de dudosa procedencia,
más bien de procedencia zona Oeste. Si mal no recuerdo, aquella sus-
tancia me dejó con fiebre dos días seguidos, como recién comenzaba 
a salir con él, tuve que pedirle a C. que me llevara medicamentos y un
termómetro. Cuando recobré mi temperatura de vampiro, decidí cris-
talizar esa basura y aspirarla por la nariz. 
Nada en la vida me prepararía para la calidad paupérrima de las jerin-
gas Industria Argentina, nada me haría pensar que extrañaría hasta el 
más sencillo tratado de libre comercio.
De todo ese delirio sólo hay un sueño mal traducido: Para este tiempo 
y momento, simplemente no puedo dejar los espacios en blanco. Una 
antigua brecha se abre, seguida por una llamada de socorro que pensé
nunca escucharía. ¿Es esto parte de mis principios? Sólo sucedió. Un
callejón ahogado, lleno de imágenes de órganos. ¿Es tristeza todavía?
Un susurro cortando mi garganta, lamentándose sobre lágrimas nunca 
secas. Por un espacio en el tiempo que fuera sólo nuestro, como un 
recuerdo perdido y olvidado. L'Hypothèse du tableau volé.
Hoy despierto molesta por otros sueños, no hay nada en ellos que me 
haga sentir bien estos días, unos escalones gigantes llenos de musgos, 
demasiado altos para lograr subirlos a pie. Debo tomar el vuelo pen-
diente a Buenos Aires y no lo logro, mi madre insiste que cruce la cor-
dillera en auto con un conocido de ella. El conocido resulta ser el amigo 
impronunciable de R., de quién, aún antes de despertar, no consigo ad-
mitir estar enamorada.
Al final de este último sueño, leo escrito: a veces mis obsesiones son 
claras y sanas, ya al despertar no puedo estar más en desacuerdo.
El fracaso me deja a la merced de un nuevo intervalo desértico y esta
vez, vuelvo a elegirlo sin dudar.



Si comenzara una carta para ti, comenzaría más o menos así...